La Solidaridad Internacional se define como unión de intereses o propósitos entre los países, y la cohesión social entre ellos, basada en la dependencia de los Estados y de otros actores internacionales entre sí, a fin de preservar el orden y la supervivencia misma de la sociedad internacional, y con el fin de alcanzar los objetivos colectivos, que requieren cooperación internacional y una acción conjunta.

La Comunidad Papa Juan XXIII está plenamente de acuerdo en reconocer la solidaridad internacional como principio de derecho internacional de los derechos humanos y desea que este principio sea reconocido como un  derecho humano y conducir las naciones para establecer un nuevo orden internacional.

De hecho existen dos tipos de solidaridad: la solidaridad post-factum y la solidaridad ante-factum.

  • La solidaridad post-factum tiene como objetivo reducir los daños en caso de desastres como en el caso de fenómenos naturales y emergencias. El terremoto de Haití y las recientes inundaciones en Pakistán son ejemplos trágicos de emergencias que llaman a la comunidad internacional a intervenir para aliviar el sufrimiento de millones de personas. Otro ejemplo de la solidaridad post-factum es el concepto de la cooperación internacional en el que los países ricos y desarrollados “ayudan” a los pobres y en desarrollo, a menudo incluyendo influencias que benefician aún más a los países donantes. Esta última forma puede ser una manera sofisticada para mantener el status quo y tapar las injusticias.
  • La solidaridad ante-factum tiene como objetivo abordar desde las raíces las causas de la pobreza, demostrando que es mejor prevenir que curar.

La solidaridad implica que los Países cumplan plenamente sus obligaciones internacionales en las que están comprometidos con las Naciones Unidas, apliquen los convenios y tratados ratificados, se comprometan en el desarme, las políticas de energía limpia, fortalecimiento de los sistemas sanitarios, alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, etc.

Una solidaridad ante-factum está interconectada con otros temas importantes que se están discutiendo en Naciones Unidas y en los foros de todo el mundo tales como la cancelación total de la deuda externa de los países en desarrollo, el concepto de reparación global y los de gobernanza nacional e internacional, el comercio mundial, las reformas del sistema de las Naciones Unidas y las instituciones financieras internacionales, la participación de la sociedad civil, los derechos de propiedad intelectual, las políticas agrícolas, los paraísos fiscales, el cambio climático, la salud, el derecho al desarrollo y la paz, etc.

Una solidaridad ante-factum podría adoptar el concepto de hermanamiento entre países desarrollados y países en  desarrollo, en el que un país desarrollado acepta acompañar a un país en desarrollo (y viceversa) en la consecución de su derecho al desarrollo sin asociar condicionalidades, pero en una relación de intercambio mutuo de experiencias,  beneficios y recursos humanos, culturales y financieros.

Es ahora el momento de avanzar en el reconocimiento de la solidaridad internacional como un derecho humano, superando los obstáculos creados por la discusión sobre los derechos individuales /colectivos, derechos de tercera generación, etc. y centrarse más en la definición, los contenidos y las implicaciones que se refieren a la solidaridad internacional y los efectos positivos que este reconocimiento puede tener para toda la humanidad.

La Asociación Comunidad Papa Juan XXIII desea renovar su compromiso a nivel de base y a nivel internacional para construir una sociedad mejor, fundada en la fraternidad, la reciprocidad, la justicia social, la equidad y el desarrollo sostenible, que son esenciales para vivir en paz y armonía, como familia humana.

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